Mari Swa:
Vivía con mi madre en un edificio de apartamentos en una gran ciudad. Solía ir con mi madre a su trabajo y yo veía cómo daba clases de artes marciales y defensa personal a la gente. Siempre que podía participaba, pero solo un poco, ya que era muy joven. Pero la mayoría de las veces era muy aburrido para mí.
Después de su trabajo, mi madre me educo en casa, prestando especial atención a lo que necesitaba yo saber sobre la sociedad humana en la que me encontraba. Pero me sentía muy sola y quería jugar y conocer a otros niños de mi edad, así que le pedí a mi madre que me apuntara a una escuela local.
Mi mamá no quería inscribirme y casi tuve que suplicarselo. Me dijo unas normas muy estrictas que tenía que cumplir siempre. Por ejemplo, nunca podría salir de la escuela sin ella y jamás podría decirle a nadie que yo no era humana y que había salido de una nave estelar.
Asi que, cuando las semanas se convirtieron en meses en la escuela, sentí que me había adaptado bien, así que empecé a sentirme un poco cómoda allí, quizás demasiado cómoda. Ya que empecé a hablar demasiado y demasiado abiertamente, porque empecé a contar a todo el mundo historias alternativas que diferían mucho de las oficialmente aceptadas y sobre cualquier tema.
Esto hizo que mis profesores me vieran como una niña problemática y fantasiosa. Y no solo me enviaron muchas veces a la oficina del director, teniendo que asistir mi madre también a esas reuniones, o citas, sino que acabé con mi colegio ordenándole a mi madre que me llevara a ver a un psicólogo.
No me portaba mal, realmente no sabía qué decir y qué no. Recuerden que solo tenía 8 años. Mis dos realidades se mezclaban y literalmente no sabía dónde acababa una y empezaba la otra.
Cuando un niño le decía a todo el mundo que su padre tenía tal o cual coche de lujo, yo respondía que mi madre tenía una nave espacial. Y fui recibida con muchas risas, y con gritos de “no la tiene”, además de comentarios negativos de todo el mundo. Y en otra ocasión pregunté inocentemente a otro niño qué tipo de nave espacial tenía su madre.
Esto me pasaba cada vez más a menudo, y no solo sobre naves espaciales, sino con todos los temas de conversación y de estudio. Simplemente no podía entender cómo la gente podía creer mentiras tan obvias en las noticias y toda la falsedad de la que se habla en las escuelas públicas.
Y por supuesto, me empezaron a dejar aislada mis amigos y profesores, ya que me veían como una niña loca y rara. Como era de esperar, mi madre me tuvo que cambiar de colegio varias veces, pero yo sentía claramente que no podía encajar en ningún sitio.
Algunos de mis amigos y amigas me toleraban siempre que no empezara a hablar de cosas raras, pero esos eran minoría. Pero una de las cosas que más me llamaba la atención es que no escuchaban o ni siquiera les importaba escuchar ideas alternativas o formas diferentes de ver uno u otro tema. Y desde luego, no les importaba si yo decía la verdad o no sobre mi procedencia de otro planeta, aunque técnicamente nací en una nave en el espacio profundo.
Me di cuenta de lo contenidas que están sus mentes dentro de un corredor de realidad muy estrecho. Siguen pensando que la humanidad está en la cima de toda la evolución —sea lo que sea eso— y en el centro del universo, ignorando por completo todo lo que ocurre justo fuera de su planeta, incluyendo los varios cientos de naves estelares aparcadas en la órbita de la Tierra.
Y no entendía cómo podían seguir obedeciendo y creyendo ciegamente todo lo que les dicen sus autoridades, o debería decir captores. Cuando una nave y su tripulación de cualquier raza Lyriana de aspecto humano ha estado orbitando y operando alrededor y en la Tierra, pronto se dan cuenta de que es más fácil obtener, al menos, la mayoría de sus elementos esenciales directamente de la Tierra, no teniendo que depender tanto de sus naves de abastecimiento de sus planetas de origen.
Cada raza tendrá su propia forma de hacer las cosas, lógicamente. Pero, al igual que lo que mi madre solía hacer, lo que he visto que es la forma más común de bajar a la Tierra para conseguir suministros es que el grupo extraterrestre tendrá uno o más vehículos humanos —coches o todoterrenos— y los miembros más competentes de su grupo los conduzcan a la Tierra utilizando una nave estelar equipada con rampas. La mayoría de las medianas tienen rampas de todas formas.
Estos vehículos humanos, al menos la mayoría de las veces, están legal y correctamente matriculados y pueden circular con normalidad al disponer de placas auténticas. Y los no humanos capaces también tendrán permisos de conducir obtenidos legalmente, ya que poseen identidades humanas, como describí en el vídeo anterior. Estos serían los que obtendrían los recursos para el resto de su grupo, que mientras tanto permaneceran a salvo a bordo de su nave espacial.
Una vez allí, simplemente los conducen a un centro comercial donde compran lo que necesiten de forma normal. Aunque me han comentado que también es bastante común que el grupo no humano robe abiertamente lo que necesite, dejando después una compensación monetaria desproporcionadamente grande a cambio, al menos a veces.
El cómo consiguen su dinero es un tema complicado. Hasta hace poco, solían obtener toda la cantidad que necesitaban pirateando sistemas bancarios y cajeros automáticos usando sus ordenadores mucho más avanzados. El problema ahora, es que los ordenadores bancarios humanos y sus sistemas de seguridad han evolucionado hasta un punto donde este hackeo ya no es posible, o al menos fácil.
Pero la mayoría de extraterrestres con aspecto humano que viven en la Tierra durante largos periodos de tiempo acaban desarrollando habilidades de supervivencia que les permiten ganar dinero de forma normal, igual que la mayoría de los humanos.
Todo lo anterior significa que, a medida que pasan los años y la tripulación de una nave estelar permanece cerca de la Tierra o en su órbita, su nave empezará a llenarse progresivamente de todo tipo de cosas de fabricación humana. Y este es otro mecanismo por el que la sociedad humana influye en otras culturas y en sus tripulaciones expedicionarias.


